Hostal Mansión Havre
–Hostal Mansión Havre–
Uno de los primeros hostales en la ciudad de México
A la llegada de mis veinte, hace algunos ayeres… Conocí mi primer hostal y el grandioso mundo de los mochileros sedientos de aventura, el primer hostal que visité fue en Suiza en algún lugar entre las montañas. Aunque la habitación era compartida, en ese momento estaba vacía. Recuerdo que había muchas literas, con ventanas amplias donde tenias una vista magnífica de las montañas. Estando en la sala principal me llamó mucho la atención el hecho de estar en un lugar donde gente de diferentes partes del mundo podían compartir e intercambiar rutas, ciudades entre otras cosas para hacer de su viaje aún más placentero y al mismo tiempo hacer amistad o… algo más. Un ambiente muy internacional.
Con el paso del tiempo y de mi experiencia en los viajes nacionales e internacionales, mi pasión se fue convirtiendo en un sueño y ese sueño llegó a una idea que junto con mi familia se llegó a convertir en lo que en ese entonces fue el Hostal Mansion Havre. Un proyecto familiar donde mucha gente apoyó para que este hostal poco a poco llegara a ser en aquella época, uno de los hostales más conocidos de la ciudad de México.
Este hostal se localizaba en el corazón de la Zona Rosa. Contaba exactamente con 100 camas. Se inauguró en agosto del 2001 y con diferentes personas de diferentes nacionalidades y edades comenzamos esa aventura que estoy segura fue inolvidable para todos lo que pusimos nuestro granito de arena para dar el mejor servicio y que los clientes se fueran satisfechos y contentos. Recuerdo que uno de los logros que más celebramos y por el que nos sentimos realmente orgullosos fue cuando fuimos mencionados en el libro de Lonely Planet. Este libro que para muchos viajeros era como un libro sagrado donde se mostraban las rutas más importantes, interesantes y seguras para hacer un buen plan de viaje, para nosotros los propietarios de hostales, hoteles, etc era igualmente importante ser parte de su edición. Hay que mencionar que en esa época todavía no existían las redes sociales y se necesitaba mucho más esfuerzo para darse a conocer y aún más internacionalmente.

Todo sacrificio valió la pena. Largas esperas en la sala internacional de aeropuerto con la intención de convencer algún backpacker para que se hospedara en el hostal, un sin fin de flyers fueron entregados en los puntos claves donde llegaban nuestros futuros huéspedes de diferentes partes de la República mexicana. En fin, con herramientas básicas y una buena logística logramos atraer a nuestros clientes.
A la par se formó la AMAJ ( Asociación Mexicana de Alojamientos Juveniles) creada para desarrollar el turismo juvenil y alternativo en nuestra país. Era una red de hostales alrededor de la república mexicana, la cual estaba formada por los propietarios de los hostales, los cuales tenían estándares de calidad internacional. Todo en conjunto garantizaba un estancia cómoda, agradable y segura. En este punto, quiero enfatizar la gran labor que en ese entonces una mujer visionaria hizo para difundir la importancia del concepto Hostal en nuestro país, y me refiero a Lilia Garcia Gutierrez, Presidenta de la AMAJ y que orgullosamente es mi madre.
Mi experiencia personal:
Administrar y trabajar en un hostal te hace estar en contacto de una manera menos formal con el huésped. Tu labor en front desk inicia con un mail de confirmación y termina con la entrega de ese llavero especial que afirma la segura despedida . Durante la estancia de los huéspedes, llegas de alguna manera a convertirte en su confidente , su guía, o su consejero. Pero también aprendes de ellos y de sus experiencias y te vuelves empático al escuchar sus historias. Sonríes a sus chistes que aunque no entiendas lo que significa, es una forma de romper el hielo, claro siempre poniendo límites y respetando sus necesidades. Como parte del staff te vuelves: “ un experto en idiomas”, ya que haces todo por aprender al menos una palabra de un extraño idioma y aunque lo pronuncies incorrectamente, sonará gracioso y seguramente “le habrás hecho su día” aunque sea en tu acento improvisado. Todos estos pequeños detalles hacen que el cliente se sienta cómodo y en confianza.
Otra gran satisfacción que recuerdo, era leer en el famoso libro de visitas los comentarios de algunos de los muchos huéspedes que llegaron a hospedarse una noche o varias en nuestro hostal. El hecho de ver una gran sonrisa con su despedida no tiene precio. Una gran experiencia que la volvería a repetir sin lugar a dudas.
