Mujer salvaje
En una de tantas vacaciones y alejada del bullicio familiar, comencé a leer un libro que hizo darme cuenta cual dormida se encuentra esa parte salvaje que tiene la mujer. Esa parte adormecida por las reglas sociales, culturales, políticas y religiosas por mencionar algunas. Que ha obligado a la mujer durante generación tras generación a comportarse como “algo” que tiene que ser aceptado para los demás, fingiendo y reprimiendo sentimientos que arrastrará con ella para que finalmente se inhiba ese instinto la mayor parte del tiempo, ese instinto salvaje que tiene esta criatura que puede parir con dolor y a la vez con alegría.
Ese instinto que puede salir en cualquier momento y que le hace soltarse el cabello al escuchar música, con ritmos de sonidos alterados que hace que cada parte de su cuerpo experimente un movimiento abierto y sensual , esos ritmos que le incitan a desbordarse de pasíon queriendo arrancarse el corazón y entregárselo al otro.

Forzada indirectamente a tener un rostro perfecto que disimule la verdadera edad del espíritu. Un cuerpo fuerte y tonificado que se exprese falsamente ante el mundo que lo observa. Una voz con sonidos disfrazados de satisfacción que expresan a gritos el vacío que es imposible de llenar.
Todo esto lleva a una frustración acumulada, que en cualquier momento puede explotar con un simple estímulo (tentación) y que esos deseos reprimidos que no podrán ser controlados tan fácilmente, provocarán así la conducta inapropiada de la que la sociedad está deseosa a que suceda para señalarla, castigarla culparla…
Cómo no escapar de esa tentación, con tanta hambre interior oprimida, que sin lugar a dudas en algunos casos tendrá desafortunadamente un final trágico. Así es como una mujer salvaje que ha sido reprimida toda su vida llega a ese fondo queriéndose comer de un solo bocado el exquisito “fruto prohibido”sin poder controlar las emociones y llegando a los excesos.

Por eso creo firmemente que es necesario e indispensable conectarnos con nuestra fuerza salvaje que se oculta detrás de nosotras; reconocerla y reafirmarla, y que esta naturaleza salvaje que es sabia o inteligente es la que nos guiará en el camino para lo que mejor nos convenga a nosotras mismas y serle fiel a nuestra alma.
Nos volveremos inspiradoras, visionarias, intuitivas, creadoras. Sólo de esa manera podremos tener un balance entre nuestro mundo interior y exterior.
Fuente: Mujeres que corren con lobos, Clarissa Pinkola Estés


