Consciencia

Capacidad de asombro

Un viaje esperado pero inesperado en una provincia llamada Zeeland en los Paises Bajos.  Hoy junto con mi familia decidimos hacer un trayecto a una playa desconocida. Sin saber que nos iba a esperar, tuvimos que caminar más o menos un kilómetro ( que no es nada para lo que a veces caminamos en el bosque) para llegar esa playa rústica, con un mar que demostró en ese momento la gran fuerza que puede tener y qué tan impotente te puede hacer sentir. Fue una experiencia inolvidable para mi.

Entre subidas y bajadas llegue  a la cima de la última duna, la cual me mostró  un cuadro o una perspectiva de un mar con mucho movimiento. Me sorprendió no encontrar  una playa amplia o ancha, como las que habitualmente suelen haber aquí. 

Desde arriba paso a paso y descendiendo me fui acercando para agarrar confianza ya que al principio me invadió una sensación de temor irracional , me sentí vulnerable por un momento y en un instante esa sensación se trasladó a mi infancia. Específicamente cuando tenía unos 7 u 8 años de edad, donde me encontraba en un viaje en Oaxaca con mi mamá y mi querida abuela y que precisamente junto con ellas visitamos la playa de Puerto Escondido y que por alguna razón jamás olvidaré ya que al tener en frente y de tan cerca un mar con esas gigantes olas ( les recuerdo que cuando eres niña todo lo vez mas grande) me impresionó e impactó tanto que recuerdo que caí y quedé perpleja por la intensidad del mar. Sin embargo, mi admiración estuvo presente para poder sentirme  parte de él. Finalmente nací cerca del mar y los últimos años que viví en México los viví muy cerca del mar siempre contemplandándolo , admirandolo y respetandolo. 

Volviendo a esta playa, la conexión entre él y yo se hizo inminente . fue natural y rápida . Ese sentimiento de temor se desvaneció para dar paso a una confianza y tranquilidad que cada vez que me acercaba a él, no dejaba de contemplarlo, mi sentimiento de temor  desaparecieron, por fin estaba consciente de dónde estaba, disfrutando el aquí y el ahora. Yo en un momento era el observador pero después me identifiqué como parte de todo. Una linda experiencia. 

Solo contemplar el vaivén de las olas con tanta intensidad y sin sincronicidad me hicieron darme cuenta de que tenía que plasmarlo en un trabajo artístico. Esa conexión con la naturaleza llegó justo a mi alma para recordarme lo maravilloso que es sorprenderse y cruzar el umbral para re-descubrir la capacidad de asombro.

Me resulta interesante mencionar que dos dias despues volví a esta playa maravillosa sin embargo algo habia cambiado, … talvez el oleaje, ahora era normal y tranquilo, la playa amplia y la gente cotidiana iba y venia sin dejar de disfrutar. 

Aquella tarde en esa playa con un mar salvaje nunca volvió a ser la misma , no al menos desde mi experiencia donde mi asombro fue mayor que mi apatia.

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