¿ Te supo rico el primer bocado de tu sandwich?
¿Cuántas veces te has sentado en la mesa para desayunar, tomar un café o un té, y de pronto te das cuenta que ese era el último bocado de tu comida? ¿ Cómo es posible, que ni siquiera te hayas percatado de su sabor o de cómo se veía tu plato al momento de servirlo? … y ¿Qué tal el nuevo té verde que compraste hace un par de días? y hoy, por fin estaba en la mesa, listo para disfrutarlo. ¿ Tenía un sabor especial? ni te diste cuenta, ¿ verdad? Es tan habitual esta situación, que no le damos importancia cuando en verdad si la tiene y es que por lo general nuestra mente esta completamente dispersa, en un mundo de ideas que circulan sin poder detenerlas.
Qué importa que tipo de pensamientos surgían por tu cabeza, ya que ese momento que tenías para hacer una conexión contigo misma, realmente tu atención no estaba dirigida a lo que estabas haciendo que era estar disfrutando de tu desayuno. Y es aquí, cuando te pregunto; si en esta pequeña ocasión ni siquiera pudiste saborear de algo tan agradable para tí, ¿Imagínate todos los momentos tan bellos que has desperdiciado por estar pensando en cosas triviales o generando pensamientos que te causan ansiedad y que ni siquiera han sucedido?
Es evidente que hay grandes momentos que no se olvidan.
Pero ¿ Qué pasa con los pequeños eventos que surgen día a día, minuto a minuto en nuestras vidas? Y que tampoco nos percatamos de la grandiosidad y el valor que tiene para hacernos sentir bien, para reconectarnos con nuestro ser interior a través de lo exterior.

Vivir en meditación es sobre todo vivir con atención. La atención te acerca a ti misma, a los demás, a la vida misma en toda su riqueza. Vivir con atención significa estar presente en lo que es. En las cosas alegres, pero también en todo lo que es difícil. La atención es la capacidad de estar en el Ahora. En la meditación puedes entrar en ese “ahora” entrando en contacto con tu cuerpo y tu respiración. ¿Cómo se siente tu cuerpo: en forma, cansado, relajado o inquieto? Tomar contacto con tu respiración es, sobre todo, tomar conciencia de tu respiración. Saber que estás respirando. Al concentrarte en tu respiración llegas al “ahora”.
Lo mismo ocurre con el futuro. Es decir, si eliges conscientemente estar ocupado con las cosas que tienen que suceder, de eso se trata el “ahora”: estar atento a él. La perspectiva significativa del futuro ya está activa en el “ahora”. El horizonte que nos llama se puede sentir en el ahora. Puede ser una fuerza inspiradora para hacer lo que quieres hacer.
Por ejemplo, intenta ser más consciente en tus actividades cotidianas. Permanece en el aquí y ahora con atención. Algunos ejemplos de actividades son: comer, cocinar, lavar los platos, hacer un recado o enviar una carta. Lo importante es que hagas estas actividades con atención y que tus pensamientos no estén ya en la siguiente cosa que quieres o tienes que hacer. Sobre todo, sé amable contigo mismo si sólo puedes hacerlo una parte del tiempo.

Chécate este ejercicio aparentemente sencillo, lo único que necesitas es poner tu atención en ello , ¿te animas a hacerlo?
Comer un sándwich con atención
¡Recuerda!, la meditación consiste en estar atento. Estar donde estás. Se trata del milagro del momento. Aquí y ahora. Puedes practicar la meditación “por separado”. Pero la meditación también puede formar parte de tu vida a lo largo del día. Vivir en meditación significa realizar las actividades diarias con atención. El siguiente ejercicio es un ejemplo de cómo puedes vivir en meditación. Este ejercicio se puede aplicar fácilmente a otras actividades.
El ejercicio es el siguiente:
En primer lugar, se consciente de dónde y cómo estás sentada,
siente el contacto de tu espalda, tu asiento y tus piernas con la silla.
Intenta sentarte lo más relajada posible.
Sé consciente de tu respiración.
La respiración es sobre todo un movimiento que ocurre aquí y ahora.
Observa que tu pecho o vientre sube con cada inhalación y baja con cada exhalación.
Sé consciente del bocadillo que tienes delante.
Observa la necesidad que hay en ti de comerlo.
Cortar con cuidado la rebanada de pan en trozos.
Come conscientemente cada parte: observa cómo se mueve tu brazo hacia el pan en tu boca. Prueba el sabor del pan. A continuación, empieza a masticar y nota que estás masticando.
Observa que tragas el trozo de pan y que tienes ganas de comer más.
Comienza poco a poco, y se constante porque eso te ayudará a ser más consciente de tu entorno y de disfrutar de cada momento .



